Los adelantos tecnológicos exigen nuevos desafíos éticos y morales para los científicos y los gobiernos. Los avances militares, médicos, biológicos, y en otras áreas del conocimiento permiten que las personas mejoren la seguridad, la salud, el bienestar. Sin embargo, para los científicos éstos adelantos son la puerta abierta del control de la vida humana, de alcanzar un poder que antes no era posible.

La manipulación de vida humana sigue siendo el centro de discusión científico. El sueño de crear vida, elegir el sexo y algunas características del futuro bebé, dejó de ser una ilusión para convertirse en una posibilidad real. En 1.780 científicos experimentaron la inseminación artificial con animales para conseguir vida. Pero los experimentos en humanos seguían siendo un misterio, en parte por la censura religiosa o estatal a la que era sometida la comunidad científica; por otro lado por la falta de apoyo económico a la ciencia y de avances tecnológicos.

La creación de vida a partir de métodos artificiales dejó de ser una imposibilidad para algunos científicos. Países europeos avanzaron en esta materia, desarrollando procedimientos que permiten desafiar cualquier problema de la naturaleza. La fecundación del óvulo fuera de su hábitat natural ha logrado que la esterilidad definitiva o problemas graves dejen de ser un impedimento para tener un bebé.

La vida comienza con la travesía de un espermatozoide por el conducto de la vagina hasta su destino final el útero. No todos los espermatozoides logran llegar hasta el final, sólo algunos, entre millones, llegan al anhelado óvulo. El más fuerte y rápido traspasa la membrana protectora del óvulo u ovocito, para fusionarse y crear un nuevo embrión que será el comienzo de una vida.

Pero no siempre el método natural funciona. Entonces la